jueves, 3 de febrero de 2011

Resulta que debía elaborar un complicado comentario de tema libre sobre una obra en particular. El profesor había reducido el trabajo final que consistía en un ensayo de ocho cuartillas a un breve comentario de máximo tres.
Ahí me ven, emocionada, pensando en cuál de todas las obras vistas en el curso sería la elegida. De entre todas ellas, muy interesantes por cierto, escogí Inmaculada o los placeres de la inocencia, una obra de Juan García Ponce que no sólo es una novela ejemplar sino que también fue su obra cumbre según algunas críticas y opiniones. 
Como iba diciendo, estaba yo tan emocionada con la idea que me di a la tarea de buscarla en la gran Biblioteca Central y nada, en la Samuel Ramos y nada, en la Vasconcelos y nada. Comenzaba a sentirme un poco desesperada por no hallarla así que decidí comprar el libro pero nada; ninguna de esas librerías conocidas tenía un ejemplar. Ya con la frustración al límite pensé probar suerte en las librerías de viejo ubicadas en Donceles.Con mi directorio telefónico a la mano, una pequeña libreta y una pluma, comencé a marcar números y nada, algunos ni siquiera conocían al autor. 
Estaba a punto de sufrir un ataque de pánico cuando del otro lado de la línea se escuchó la voz de un señor  que a mi parecer podría ser uno de esos viejitos bonachones que te recuerdan a Santa Claus y vaya que lo fue, porque el señor amable sólo se concretó a decir -vente inmediatamente por él porque sólo me queda uno.
A los dos días de esta llamada, ya tenía mi ejemplar a la mano sin embargo, no pude evitar pensar ¿en dónde están todos los libros que nadie encuentra en ningún lugar? No están en las bibliotecas públicas, no puedo asegurar que estén o no en las particulares y mucho menos me atrevo a pensar que están esparcidos en manos de personas que no se interesan por leer o simplemente no conocen. 

Para invitarlos a que lean esta obra y así seamos más los que exijan una reedición, les dejo este pequeño fragmento, espero sea suficiente y me disculpo de antemano con todos aquellos que no podrán conseguir el libro. 


Él se levantó, tomó a Inmaculada por la muñeca, la acostó boca abajo en el sofá, hizo que pusiera la cabeza sobre los brazos cruzados y se apartó. Pasó mucho tiempo. Luego, Inmaculada sintió la boca de Miguel recorriendo su espalda, por el centro, por un lado, de arriba abajo. Se estremeció cuando la boca de Miguel se detuvo en el centro de su espalda y sintió la lengua de él. Miguel le dio vuelta y volvió a besarla en la boca. Sus manos tocaban los pechos de ella. Ya estaba desnudo también. Entró a Inmaculada y ella extendió las manos sobre su espalda. 
Con esta pregunta al aire que seguiré tratando de responder, dejo mi pequeño comentario final y a ver a quién le sirve algún día.